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| Lunes 20 de Julio de 2009 16:10 | |||
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Por Amor al Juego Por Homobono Briceño Los que integramos el seleccionado de la Liga Amateur, así como los de la Industrial Comercial y los aficionados que el domingo pasado se congregaron en el Parque Alberto Mancilla de Valle Verde en Ensenada, nunca olvidaremos la forma en que al pitcher derecho Jorge Inzunza, se le quebró el brazo cuando le lanzaba un juegazo al poderoso equipo de la IC . Los tenía en un puño, con un slider cortante y una bola rápida que combinada con un buen cambio de velocidad sacaba de balance a los bateadores enemigos.El juego llegó a la séptima entrada con la ventaja para el conjunto tijuanense de 3 carreras a cero y sólo un hit le habían conectado a Inzunza que lucía inmenso en el montículo, dueño de la situación, siete ponches y con un excelente comando en sus lanzamientos que lo hacían ver como un pitcher de categoría y gran estampa. Ambas escuadras se disputaban el primer juego de una doble cartelera en la que estaba de por medio el liderato de la Zona Costa del Campeonato Estatal de Presidentes Unidos. Un inning antes de que se presentara la tragedia, envié a mi coach de pitcheo Martín Sánchez a que platicara con Jorge en el dugout, para ver cómo se sentía,”y hazlo de una manera sutil, porque Jorge tiene su carácter y no le gusta que lo desconcentren y más como está el juego, así que luego vienes y me dices”. Dice que está un poco cansado, pero que se siente fuerte aún y quiere seguir lanzando, fue lo que me contestó el popular “Conde” que ese día debutaba, al igual que yo, al darme la directiva escarlata, la batuta de los legendarios Rojos de Tijuana. “Por si las dudas, pon a calentar a Iván Tapia y también a Panchito Villa, que estén listos los dos”, fue la orden dirigida hacia el bullpen, ya que Jorge Inzunza, que militó con los Osos del Cetys en el torneo regular siempre daba muestras de cansancio a la altura de la sexta entrada, pues era un lanzador muy trabajado, tanto en nacionales, en el colegio y en Tijuana, a donde regresaba de Ciudad Juárez, entidad muy beisbolera en la que Jorge lanzó en la fuerte liga de Chihuahua, siempre dando lo mejor para los indomables Indios de aquella ciudad fronteriza. Como todo pitcher que lanza desde ligas pequeñas, su brazo había padecido lesiones severas, incluso, no había tirado en un mes desde la serie final contra Glu Glu, sólo “un bullpen” a media semana en el “Angel Camarena” para quedar listo para enfrentar a los bicampeones de Baja California. Un hit del intermediarista Jaciel Sánchez en la tercera entrada era todo lo que le habían hecho cuando se encaminó con paso lento a la loma de las responsabilidades. Sentía molestias en el brazo, pero no se lo dijo a nadie, sólo al Morrín Ramírez, el shorstop de Tijuana Amateur, le confió que estaba cansado. Es igual que otras veces, ya se me pasará, uno tiene que acostumbrarse a jugar con dolor, pensó en sus adentros Los seguidores de los Rojos, estaban entusiasmados, admirados y contentos por la gran demostración de pitcheo de Inzunza que, al estilo del famoso corrido del “Moro de Cumpas”, había llegado a Ensenada, especialmente a ganar. Además en las gradas estaba su esposa, sus pequeños hijos y la familia de ella venidos desde Juárez. Había que quedar bien. Lanzar a gran ritmo es otra cosa, los poderosos bateadores de la IC desfilaban como soldaditos de la caja de bateo a su dugout, y el experimentado manager Alberto Mancilla lucía muy preocupado, algo tenían que hacer y pronto, porque el juego entraba a su parte final y no se veía como encontrarle la bola al derecho de Tijuana. Al cerrarse la entrada de la suerte, Jorge llevaba 74 pitcheadas al plato, la mayoría rompientes y con gran efecto, y eso a la larga causa mucho desgaste y entume el brazo, pero se sobrepuso y retiró sin problemas a los dos primeros bateadores, al siguiente le dio pelotazo y eso tal vez fue la señal de que su brazo estaba agotado, pero no volteó al dugout de la furia roja, ni su rostro reflejó dolor o angustia alguna, se enfrentó al siguiente, un emergente de colmillo retorcido, el veterano Wendy Fernández, al que pronto puso en dos strikes sin bola. Del bullpen rojo, el coach Martín Sánchez, levantó su gorra en señal de que los relevistas ya estaban listos. Jorge tomó impulso y se dispuso a lanzar hacia la goma, pero su disparo nunca llegó al pentágono ni a la mascota de su receptor Javier Mora. Sólo se escuchó un tronido de hueso seguido de impresionante grito de dolor y Jorge rodó por el suelo, tirado debajo de la loma se le vio como estiraba su pierna en repetidas ocasiones y se agarraba su brazo a la altura del bicep, todos,-al menos yo-, pensamos que le había pegado un infarto, gracias a Dios se trataba de un accidente del juego, no muy común, pero que en ocasiones llega a presentarse, esta vez le pasó a Jorge Inzunza. Como la lesión que sufrió el zurdo Dave Dravecky en el estadio de los Padres, y la de Salvador Rodríguez con los Yaquis de Obregón, aunque me dijeron que a un pitcher apellidado Luzanilla de la Segunda Rodríguez y un chico Montes de Playas habían pasado por esa terrible experiencia.Todos corrimos asustados hacia él, lo rodearon los peloteros y así era más difícil la ventilación, su esposa llegó presurosa y a punto de soltar el llanto, la tranquilizaron, pese a que Jorge sudaba copiosamente del dolor y por el esfuerzo realizado pasó varios minutos recibiendo los primeros auxilios hasta que llegó una ambulancia y lo trasladó en camilla directamente a un hospital del puerto. Se fue entre aplausos y cuando terminó la entrada con certero relevo de Tapia, reuní a mis jugadores para decirles lo siguiente,”lo menos que debemos hacer, es dedicarle el juego a Jorge, él dio todo por el equipo, dejó el brazo en la loma y por su gran amor al juego no quiso salirse”. Así lo entendieron los muchachos y a la siguiente bateada hicimos un enorme rally de 9 carreras para sellar el juego a nuestro favor, pero la victoria fue a un precio muy caro. Jorge sufrió triple fractura, ya fue operado, le pusieron clavos y no sabremos cuánto tiempo necesitará para volver a lanzar, la lesión pone en peligro su carrera en los diamantes y ocupará una larga rehabilitación, Dios quiera y se recupere. Por su amor al juego, por su coraje, cuando regresó por la tarde al estadio ya vendado y con una férula en el brazo, el público lo ovacionó grandemente y lo hizo salir a la raya, reconociendo la joya de pitcheo que le lanzó a los temibles bateadores de la bella cenicienta. Se espera que la Liga Amateur de Tijuana le rinda un tributo en su próxima inauguración. Años atrás, la Amateur, jugó en honor de Chema Godoy que fue secuestrado y fueron campeones, ahora se lo dedicarán a Jorge Inzunza.
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